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martes, junio 19, 2007

Para el INTI, la industria argentina peligra si gana Macri

El INTI difundió un comunicado institucional firmado por su presidente, Enrique Martínez, que toma posición en el ballotage que tendrá lugar el próximo domingo en la Ciudad de Buenos Aires. En el escrito, compartido por todo el personal de ese Instituto, se critica duramente al candidato Mauricio Macri y al PRO, la coalición de centroderecha con la que compite por la Jefatura de Gobierno de la ciudad. A continuación, transcribimos el texto completo de la misiva.



UNA ELECCIÓN DISTINTA

por Enrique M. Martínez*


El 24 de junio próximo tendrá lugar una elección en Capital Federal cuyo resultado, a nuestro juicio, puede afectar negativamente el escenario en el que se desarrolla el proyecto que hemos ido conformando estos años en el INTI. Esta impresión nos mueve a comunicarnos con el personal de INTI y, por extensión, con quienes trabajan en el resto del sistema de ciencia y técnica, en cualquier ámbito.

El PRO y Mauricio Macri representan esa posibilidad negativa. El problema no es que Macri mienta o haya mentido. No es que haya participado de negocios oscuros a expensas de todos nosotros. Esto no justificaría una comunicación institucional.

En rigor, Macri no miente. Ni siquiera necesita decir. Es.

Es - sin necesidad de hablar – la expresión de quienes quisieran que a los hospitales porteños no puedan acceder los bonaerenses, no importa si estos tienen opciones o no.

Es – sin necesidad de hablar – la expresión de quienes quisieran borrar de su vista a los cartoneros, los piqueteros, los limpiadores de vidrios al paso, los sin techo, los villeros junto a las autopistas, para poder pensar que por no verlos no existen.

Es – sin necesidad de hablar – la expresión de quienes piensan que los negocios mueven al mundo y por lo tanto quienes hacen negocios son los verdaderos líderes sociales, a quienes se debe a la vez seguir y cuidar.

Es – sin necesidad de hablar – la expresión de quienes suponen que la tecnología no se elabora o se cultiva, se compra hecha, al menor costo y donde sea, encapsulada en una máquina o en un asesor internacional.

No lo dice. Porque no hace falta. Cada reflejo de su discurso cotidiano expresa esa cultura. No miente. No promete buscar una sociedad con igualdad de oportunidades, ni siquiera pensando en traicionar luego su promesa.

Esto es justamente lo que marca a esta elección como una instancia distinta en la historia del último medio siglo. Porque ningún votante podrá decir mañana que ha sido engañado. Si el PRO triunfa y se ejecutan de frente las políticas que se aplicaron de contrabando en varios gobiernos del pasado, las que han construido este injusto presente que cada día peleamos por cambiar, cada votante deberá hacerse cargo, frente al espejo, su propia conciencia y sus hijos, de la parte proporcional que le corresponda en la responsabilidad.

El cargo será doble.

En términos políticos se habrá sostenido una propuesta injusta, que va a contramano de los principios de la democracia.

En términos prácticos se fracasará, porque ninguna seguridad se puede garantizar aumentando la altura de nuestros cercos o escondiendo a los que sufren. Hay varias grandes ciudades latinoamericanas que podrían servir de ejemplo anticipado.

Ni que decir que ningún desarrollo se puede asegurar pensando en la rentabilidad de los próximos tres meses y buscando el negocio mas fácil e inmediato, como armar autos con componentes chinos en Uruguay, último emprendimiento del grupo Macri.

Por lo tanto, que cada uno se haga cargo. Esta vez nadie engaña a nadie, ni siquiera como excusa.





* El Ing Enrique M. Martínez es el presidente del Instituto Nacional de Tecnología Industrial, INTI. La presente es una reflexión compartida con todo el personal el día de ayer.


martes, enero 09, 2007

"La Argentina puede recuperar la participación en el mercado"

En la segunda parte de la nota realizada al economista Dante Sica durante el programa Noavestruz, el ex Secretario de Industria habló sobre los alcances de la sustitución de importaciones y se refirió a la importancia de la educación y el desarrollo del software para competir en mercados extranjeros. Además, aseguró que la economía argentina “va hacia un ciclo de crecimiento estable”.


Bajo su gestión en la Secretaría de Industria el país dio un paso muy importante: creó y sentó las bases para una sustitución de importaciones ¿Cuáles fueron las claves de ese proceso? ¿Está de acuerdo con que fue exitoso?

Lo que generó un proceso de sustitución de importaciones fueron dos elementos: el proceso de devaluación y las inversiones que realizaron las empresas en los '90, que si bien tenían capacidad instalada ociosa, estaban técnicamente calificadas como para poder sustituir cuando el precio fuera el adecuado.
Esto se vio reflejado en el sector autopartista, en la industria del plástico, la industria química y también en el sector textil.


Usted fue secretario de Industria en el año 2002 y 2003 cuando empezó este proceso, que se constituyó en un pilar del crecimiento de las exportaciones, incluso de las Pymes ¿Qué cosas le llaman la atención del crecimiento de las exportaciones argentinas?

La devaluación, impactó muy fuerte en los commodities, tanto industriales como del sector primario. Las Pymes se fueron agregando después, porque lo que hay que entender es que la Argentina no tiene un aparato industrial únicamente exportador, sino muy vinculado al mercado interno. Lo que hace el empresario argentino, es primero cubrir con su producción el mercado interno y después pensar en procesos de exportación. Esto se debe principalmente a un problema de competitividad.

Tenemos productos con los cuales somos muy competitivos a nivel internacional. Por ejemplo, si no hubiese determinadas barreras arancelarias, estaríamos vendiendo muchos más productos lácteos a Europa o a Estados Unidos.

Ahora bien, en otro tipo de productos no somos competitivos. Si tomamos el caso de los bienes de capital, en Argentina el 70% de estos bienes está compuesto por maquinarias agrícolas. Podemos exportarlas a Venezuela, a Brasil, porque en la región somos competitivos, pero nos cuesta un poco más entrar con estos productos en China o en Europa porque hay productores que tienen muy alta eficiencia, producen mayor cantidad y pueden tener costos que son menores a los nuestros y por eso nos desplazan del mercado.


Según un informe de ABECEB.COM, La argentina en el siglo pasado exportaba cerca del 3 por ciento de la demanda mundial, mientras que hoy ese porcentaje es de solo el 0,4 por ciento. ¿Este modelo puede llegar a recomponer las cosas?

Sí, en la medida en que exista un tasa de inversión que acompañe la inversión en bienes exportables. La industria argentina no es exportadora, sino que está más vinculada a lo que es el tamaño del mercado interno. Hay sectores en los cuales hay empresas que están teniendo una salida exportadora, como es el caso de algunos empresarios autopartistas, o de empresarios de confecciones que están incorporando procesos de diseño a la exportación.

La Argentina tiene una posibilidad de recuperar una parte importante de participación en el mercado. Lo que hay que pensar es qué es lo que se quiere producir pensando en el mundo del mañana, en qué somos más eficientes y en dónde podemos ganar mercado. Hoy el ciclo de precios internacionales es muy favorable, pero no tenemos que estancarnos pensando en quevamos a seguir exportando commodities. Tenemos que tener una política que tienda a diversificar el proceso exportador.

Por poner un ejemplo, la Argentina hoy puede competir internacionalmente en software, porque tenemos todavía un sistema educativo que guarda ciertos valores que tuvimos en la década del 60' y del 70´. Si no aumentamos la cantidad de recursos humanos y no los orientamos, a lo mejor vamos a tener precios favorables, cierta capacidad productiva, pero nos van a faltar los recursos humanos.

Si vemos que en el mundo podemos ser competitivos, tenemos que tratar de fomentar la incorporación de inversiones sobre el desarrollo del software, pero para eso es necesario tener un aparato educativo que acompañe y genere la cantidad necesaria de profesionales.


¿Cómo ven en la consultora ABECEB el control de los precios?

Hay que separar el control de precios del control de costos. No me queda claro a cuál de los dos está apuntando el gobierno.

Los controles de precios en la historia económica demuestran que fueron totalmente ineficaces, no han servido en su momento y, en algunos casos, por las situaciones particulares de los ciclos económicos, fueron generadores de desabastecimiento.

En esta oportunidad, lo que hizo el gobierno fueron los acuerdos de precios, que en el año 2006 se cumplieron en algunos sectores y sirvieron para quebrar las expectativas inflacionarias. En cambio en otros sectores muy atomizados, como el de la indumentaria, el año pasado creció más la inflación de lo que creció el año anterior sin ningún acuerdo. De todas formas, creo que el resultado es exitoso.

Ahora bien, mantener un control estricto de precios o costos en el mediano plazo tiende a generar distorsiones de los precios relativos internos. Además, afecta directamente las tasas de rentabilidad de las empresas. Hay que tener mucho cuidado con esto, ya que hoy, en nuestro país, falta financiamiento, por eso la inversión se realiza en gran medida con fondos propios, a través de la reinversión de utilidades.

Si el empresario observa que su tasa de ganancia puede estabilizarse o descender, frena la inversión esperando que aparezca un panorama más claro.


Desde hace unos días sabemos que se permitió un incremento tarifario en las prepagas. ¿Esto puede verse como una señal por parte del gobierno de abandonar estos controles?

El presidente Kirchner había planteado que recién a partir de 2008 la economía va a estar más normalizada y no será necesario un esquema de seguimiento de controles sobre los precios, como hasta ahora. Pero también tenemos que acostumbrarnos a que, con un crecimiento tan alto, vamos a tener una tasa de inflación que va a estar por encima de lo que es el promedio mundial.

Hay datos que no se deben olvidar: la devaluación en la Argentina entre 2002 y 2006 fue del 200 por ciento. Los precios mayoristas se ajustaron casi un 190 por ciento, mientras que el índice de precios minoristas lo hizo en un 90 por ciento. Por eso, todavía pueden darse reacomodamientos de los precios relativos. Esto no es malo.


Hay gente que está anticipando la devaluación del Real ¿Qué opina al respecto?

Las condiciones económicas en Brasil son muy distintas hoy que en la devaluación de 1999. El superávit comercial de 2006 fue un récord de casi 45 mil millones de dólares. Sería imposible para el gobierno devaluar y poder mantenerlo, con la afluencia de dólares que está teniendo en este momento. El Banco Central está interviniendo para sostener el tipo de cambio.

Esto es producto del superávit comercial y la entrada de capitales que existe en Brasil. Por más que el gobierno tuviese la voluntad de devaluar, la inflación haría rápidamente volver al Real a los valores anteriores.

Hay que esperar, no tenemos que pensar que Brasil va a devaluar. Brasil va a crecer y va a aumentar su demanda principalmente por una baja de la tasa de interés.

El monto de préstamos en la economía brasileña es del 35 por ciento sobre el PBI, a diferencia de Argentina en donde hoy está en el 10 por ciento, con lo cual cualquier movimiento de la tasa de interés impacta fuertemente sobre la recuperación del consumo interno y de la producción.


¿Cuánto crece la economía en el 2007?

En 2007 va a estar encima del 7 por ciento.

En 2008, con el arrastre que deje 2007, mientras el campo siga invirtiendo y la industria mantenga su crecimiento, nos da un piso del 4 y medio ó 5 por ciento. Vamos hacia un ciclo de crecimiento estable, quizá no a tasas tan fuertes. Hay que ver bien qué pasa con la inversión y úáles son las señales que da el gobierno.

Es necesario saber qué va a pasar con la infraestructura. El problema no es solamente crecer, sino cómo vamos a hacer para movilizar el crecimiento. El año pasado, con 70 millones de toneladas de cosecha en granos, había 15 kilómetros de cola para entrar al puerto de Rosario. Este año vamos a tener 80 millones de toneladas...

Hay que invertir en infraestructura, en energía, en puertos, sino va a ser difícil poder sostener esta tasa.



VER 1ra. PARTE NOTA A DANTE SICA
PARA ENTENDER A LA ARGENTINA, HAY QUE MIRAR AL MUNDO

jueves, enero 04, 2007

“Para entender a la Argentina, hay que mirar al mundo”


En Noavestruz, nos visitó el economista Dante Sicca, ex Secretario de Industria y actual director de la consultora ABECEB.COM. En la primera parte de la entrevista, Sicca se refirió a los riesgos, desafíos y perspectivas de las Pymes para el 2007. Además, manifestó la necesidad de que el gobierno genere las condiciones para que los empresarios inviertan a largo plazo y habló sobre la demanda de recursos e insumos argentinos en el exterior.



A menudo en este programa mencionamos la importancia que adquiere la información económica para las empresas, a fin de que puedan tomar decisiones de inversión o de cualquier tipo. Para un empresario no es lo mismo decidir la compra de una máquina en momentos de recesión que cuando se esperan meses de crecimiento ininterrumpido. También es importante saber si la inflación está controlada o se puede escapar.

La argentina pasó en seis años de una de las peores crisis mundiales a un crecimiento a tasas sin precedentes ¿no es un poco brusco el cambio que se produjo de un extremo a otro?

Observándolo de esta manera da un poco de miedo. Después de la caída brutal que tuvimos en 2001, pasamos a cuatro años de crecimiento casi al 9 por ciento, que parece fuera de lo común. Sin embargo, cuando uno mira el ciclo de la economía argentina hacia atrás, el país ha tenido ciclos muy volátiles. Hemos tenido períodos de muy fuerte crecimiento, acompañados después por ciclos de caída del producto, que fueron mucho más volátiles que los de Brasil, por ejemplo, o los de Canadá, un país mucho más desarrollado.

Esto es lo que hace que el empresario tenga una dosis de incertidumbre y se pregunte permanentemente cuándo será la próxima crisis. A un empresario ahora le va bien, tiene un buen nivel de ventas, está creciendo el producto, pero no sabe cuándo va a afrontar la próxima crisis; por eso para empezar a entender lo que está pasando, hay que empezar a comprender lo que está pasando en el mundo, que hoy es totalmente distinto con respecto a lo que era hacia finales de 2000.

Entre los años 1998 y 2001, la Argentina tuvo las siete plagas de Egipto: empezaron los problemas de la crisis tailandesa, los problemas del default ruso, la reversión de capitales que venían hacia los países emergentes, la devaluación brasileña, los problemas internos argentinos, la debilidad con respecto a si la convertibilidad se podía sostener. Es decir, el contexto internacional fue muy desfavorable; el dólar se apreciaba en el mundo y nosotros atados a la convertibilidad a través de la moneda.

A partir de 2000, hay un cambio brutal, cambia el escenario y el principal jugador en este escenario es China que irrumpe en el mercado internacional, seguido en menor medida por Asia y por Rusia. Estos países están en un ciclo de economía sostenido, pero mucho más sostenido que lo que ocurrió en la década del 90'.

Hoy el poder económico se está trasladando hacia China en primera medida. También a otros países de Asia seguidos de India y Rusia, que están permitiendo que la economía mundial crezca como no ha crecido en los últimos 25 años. Vemos tasas sostenidas y baja inflación, a pesar del alto precio de los commodities que tenemos, producto de este crecimiento acelerado.


Las Pymes exportan, en su mayoría, productos manufacturados ¿no es una simplificación enfocar el crecimiento por el lado del aumento de los commodities?

Es difícil pensar en cuánto de lo que estamos creciendo lo aporta el precio de los commodities. Yo creo que hay que mirar que el mundo cambió y está teniendo un nivel de demanda creciente cada vez mayor. Es imposible pensar en los valores de crecimiento de la economía argentina solamente explicados por la economía argentina. Hay un contexto internacional favorable, pero que no solamente lo tiene la Argentina, sino toda la región.

Este año tuvimos elecciones presidenciales muy peleadas en toda la región, y eso no alteró las variables financieras o económicas de los países. Hoy tenemos superávits gemelos: tenemos superávit en la cuenta corriente, porque exportamos más de lo que importamos, y a su vez tenemos superávit fiscal. Esto no ocurre sólo en la Argentina, sino también en Brasil y en Chile, porque el mundo está demandando aquellos bienes que nosotros producimos.

Con el crecimiento de Asia y la maduración de los países desarrollados, la principal región que aporta recursos naturales, alimenticios y algunos insumos industriales, es América Latina. Nuestro país se ve beneficiado en este escenario.

Hoy se ven las tasas de crecimiento argentinas como un gran logro, pero hay que recordar que en el país, más del 50 por ciento de las familias estuvieron por debajo de la línea de la pobreza producto de lo que fue la devaluación y el default juntos.

Hay un contexto internacional que ayuda y empuja, pero también lo que se está viendo es una recuperación del aparato productivo después de haber venido de tener en enero de 2002 una industria que estaba al 50 por ciento de su capacidad. De a poco se fue levantando con inversiones y porque en el país existen elementos, como los productos del sector primario, bienes del sector alimentario, que hoy el mundo está demandando, y que por suerte nosotros los producimos en forma competitiva mundial y permiten este arrastre que está teniendo la economía.

¿Se puede seguir creciendo a este ritmo?

Por supuesto que sí, las condiciones en el mundo están dadas. Por otro lado, hay una pelea entre los economistas. Todos quedamos rezagados el año pasado, porque nos quedamos cortos con el crecimiento pronosticado, y hoy todos se pelean por el 7 u 8 por ciento para este año.

Es cierto que para poder seguir manteniendo estas tasas de crecimiento tan fuertes, debemos tener otras cualidades. Lo que hay que empezar a ver en los próximos años es la tasa de inversión.

A lo mejor la Argentina se estabiliza para adelante pero quizás a tasas menores, del 5 o 6 por ciento. Esto puede parecer poco cuando venimos creciendo al 9, pero en los últimos veinte años hemos crecido en promedio menos del 1,5 por ciento anual. Por eso un ritmo menor, pero sostenido en el tiempo, sería interesante.

El empresario tiene que poder apreciar el mediano plazo con mucha menos "niebla" de lo que lo está viendo ahora, sino las inversiones las realiza pensando a dos o tres años y eso acorta el planeamiento estratégico.

El gobierno tiene que hacer un esfuerzo para generar los menores niveles de incertidumbre posibles. De esta forma, el empresario podrá planificar a largo plazo y hará inversiones que hoy se están necesitando en algunos sectores críticos del aparato industrial.

Ver 2da. parte nota a Dante Sicca
La Argentina puede recuperar la participación en el mercado

jueves, noviembre 30, 2006

Argentina busca su rumbo

Los argentinos estamos demasiado acostumbrados a la incertidumbre, a la inestabilidad política y económica. Durante muchísimos años hemos vivido de esta forma.
El gobierno nacional planteará en 2007 un plan productivo, inclusivo e integrador a largo plazo. ¿Es posible que Argentina tenga un proyecto de país a diez años?

DIEGO MASTRODICASA




En días pasados se conoció el Informe Coyuntural que realiza periódicamente la Fundación Observatorio Pyme. El estudio muestra que desde fines de 2005 se vienen desacelerando la producción y las ventas, a la vez que aumentan los costos y precios en el sector de las pequeñas y medianas empresas industriales. Este estancamiento no se da en las grandes empresas.

Vicente Donato, director de la Fundación, plantea la necesidad de que el Gobierno actúe con urgencia "para iniciar el ‘segundo round’ de crecimiento, y así evitar que la tendencia impacte en el empleo del sector, que afortunadamente aún se mantiene en niveles positivos.”

Ahora bien, Felisa Miceli demostró con sus palabras que el Gobierno tiene en claro estos problemas, y se propone solucionarlos atendiendo el mediano y largo plazo, que permanecían postergados hasta ahora.

Y es que como país, necesitamos un rumbo, que debe trascender a los presidentes y a todos los funcionarios. Ese rumbo casi nunca fue claro en nuestra historia. Argentina es como un barco que siempre estuvo en el mismo lugar, mientras los tripulantes se peleaban, se mataban, tomando el timón un poco cada uno mientras podía, llevándolo para donde le parecía que era correcto.

Pero claro, mientras tanto la realidad nos fue pasando "por encima". Hoy estamos tratando de agregar valor a toda la cadena de producción, como asegura Felisa Miceli, que justificó esta necesidad ejemplificando la situación actual de la balanza comercial: “Argentina exporta a un valor promedio de u$s 463 por tonelada, mientras que importamos productos a una media de u$s 1540 por tonelada”, aseguró.

Reconocer esto y proponerse mejorarlo es muy bueno, pero ocurre que lo estamos haciendo en el año 2006, mientras que en el mundo desarrollado estos temas se resolvieron hace más de cien años.

¿Qué hacíamos entonces nosotros mientras tanto?

Exportábamos alimentos y materias primas baratas e importábamos productos manufacturados caros, igual que ahora.

Raúl Scalabrini Ortiz, en 1957, hacía referencia a la extranjerización de los ferrocarriles nacionales que se produjo a finales del siglo XIX, bajo la presidencia de Juárez Celman: “Inglaterra ha perfeccionado uno de sus instrumentos imperiales. Ha cerrado todas sus válvulas de acceso al puerto de la Capital Federal, que desde ese momento son enteramente inglesas. (...) Cuando una nación pierde el sentido de su solidaridad, queda como una cartera abierta en medio de una vía, a merced del azar de las codicias foráneas.”

En aquellos años, las empresas de capital británico designaban qué industrias podían desarrollarse y cuáles no, a través de las tarifas del flete. El resultado era un país literalmente exprimido con sus líneas ferroviarias tendidas según esos intereses para llevarse las materias primas al menor costo posible.

Hoy en día nuestra realidad, consecuencia de las políticas implementadas en estas idas y venidas de las diferentes administraciones, no es muy diferente.
Además de tener en actividad un tendido ferroviario atrasado y mucho menor al que existía a principios del siglo XX, las comunicaciones y los principales servicios públicos se encuentran en manos de empresas extranjeras.

Por citar un ejemplo, una llamada telefónica realizada desde cualquier punto del país donde exista un solo proveedor telefónico hacia Buenos Aires, puede costar hasta cinco veces más cara que la misma llamada realizada DESDE Buenos Aires hacia ese lugar.

Por eso me pregunto ¿es posible pensar en un país integrado y productivo en este contexto?

Para Felisa Miceli, el modelo industrial es el único que permitirá la inclusión social. El Plan Productivo Nacional será su forma de consensuar las necesidades regionales en un proyecto único e integrador a diez años de plazo.

De repente pareciera que el barco comienza a tomar un rumbo consistente.

Sin embargo, las preguntas aparecen. ¿Podemos pensar que en 2016 nuestra moneda seguirá siendo el peso, no el dólar, ni el euro, ni el patacón?

Los empresarios pyme que arriesgan ahora como lo han hecho siempre, incluso hipotecando sus casas para sacar adelante la empresa, ¿podrán ver el fruto de esos esfuerzos?

¿Podemos creer que existe un futuro mejor para "todos los que habitan el suelo argentino"?

Si estas ideas no quedan en simples promesas y fuegos de artificio a causa del año electoral que se avecina, entonces los argentinos quizás podamos comenzar a soñar con el país que muchos ansiamos.

La participación activa de los pequeños y medianos empresarios es imprescindible para lograrlo.